OPINIÓN

El cambio comienza con nosotras

Actualizado el 23/12/24 a las 16:56

Lourdes Moreno Peña

Agente de Salud del Programa MIAS 2024

El estrés es una realidad cotidiana para muchas mujeres, intensificado por las múltiples responsabilidades que asumimos en el hogar, el trabajo y la vida personal.

Es importante recordar que el estrés es una respuesta normal del cuerpo ante situaciones desafiantes. Sin embargo, cuando se vuelve crónico, puede tener consecuencias muy graves para muchos aspectos de nuestra vida.

¿Por qué las mujeres experimentamos más estrés?

La construcción social de los roles de género nos asigna tareas de cuidado y mantenimiento del hogar, sumándose a las responsabilidades laborales. Esta doble jornada, junto con la presión por cumplir con expectativas sociales y culturales, nos genera un estrés crónico que puede desencadenar diversos problemas de salud.

Factores que contribuyen al estrés femenino

Desigualdad en el reparto de tareas domésticas. Las mujeres solemos asumir la mayor parte de las labores del hogar y el cuidado de los hijos, lo que limita nuestro tiempo libre y aumenta nuestra carga de trabajo.

Violencia de género. La violencia de género en cualquiera de sus formas es una fuente de estrés crónico y puede desencadenar trastornos de ansiedad y depresión.

Discriminación laboral. Las mujeres enfrentamos barreras en el ámbito laboral, como la brecha salarial y el techo de cristal, lo que genera estrés y mucha frustración.

Culpa y autoexigencia. La sociedad nos impone altas expectativas en todos los ámbitos de nuestra vida, lo que nos genera sentimientos de culpa y autoexigencia.

Cómo afecta el estrés a nuestra vida

El estrés prolongado afecta al bienestar mental, emocional y también tiene repercusiones físicas, como trastornos cardíacos, problemas digestivos, trastornos hormonales, alteraciones del sueño y enfermedades autoinmunes, de ahí mi interés por el tema.

Por lo tanto, el estrés crónico tiene un gran impacto en nuestra calidad de vida. Puede disminuir nuestra capacidad para disfrutar de actividades que antes nos resultaban placenteras y afectar nuestra energía, nuestras relaciones y nuestra productividad. La falta de descanso y la constante sobrecarga emocional también pueden llevar a un deterioro en la autoestima, ya que las mujeres, al no sentirse “suficientemente buenas” en todos los aspectos, comienzan a cuestionarse a sí mismas.

Es fundamental que tomemos conciencia de qué es lo que nos provoca estrés y cómo afecta a nuestra salud y bienestar.

¿Cómo se puede reducir el estrés?

La gestión adecuada del estrés es una necesidad para vivir de manera saludable y equilibrada.

Está claro que la sociedad en su conjunto tiene un papel fundamental en la reducción del estrés femenino. Es necesario promover una distribución más equitativa de las tareas domésticas, combatir la violencia de género y garantizar la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos, sobre todo el laboral.

Pero nosotras tenemos un papel muy importante a la hora de hacer frente al estrés, Para afrontarlo de manera saludable no solo tenemos que aprender a gestionar nuestras emociones, sino también trabajar en la transformación de las estructuras sociales que perpetúan la sobrecarga. Es esencial que las mujeres aprendamos a valorarnos, darnos permiso para descansar y buscar el equilibrio. Esto no solo mejora nuestra calidad de vida, sino que también establece un ejemplo para las futuras generaciones. Las mujeres debemos entender que no podemos dar lo mejor de nosotras mismas si no nos cuidamos primero.

En un mundo que constantemente exige más de nosotras, es hora de que pongamos el autocuidado y la gestión del estrés en el centro de nuestra vida. Gestionar el estrés no significa eliminarlo por completo, sino encontrar un equilibrio que nos permita ser más resilientes, saludables y felices. En última instancia, la clave está en reconocer que nuestra salud mental, física y emocional, no solo es nuestra responsabilidad, sino nuestra prioridad. Solo cuando nos cuidamos a nosotras mismas podemos ofrecer lo mejor a los demás.

El cambio comienza con nosotras

Gestionarlo de manera efectiva requiere una combinación de autoconocimiento, estrategias de afrontamiento y, en ocasiones, apoyo externo. Aquí algunas recomendaciones clave para que podamos manejar mejor el estrés en nuestra vida cotidiana:

Reconocer las señales de estrés. El primer paso para gestionar el estrés es identificar cuándo estamos experimentando sus síntomas. ¿Nos sentimos constantemente cansadas? ¿Nos cuesta concentrarnos? ¿Tenemos dolor muscular o problemas para dormir? Reconocer estas señales nos permite tomar acciones tempranas para reducir su impacto

Establecer límites saludables. Una de las razones por las cuales las mujeres experimentamos estrés es la tendencia a decir «sí» a todo. Aprender a decir «no» o a delegar responsabilidades es una herramienta esencial para evitar la sobrecarga. Establecer límites no es egoísta, es una forma de autocuidado que nos permite mantener nuestra salud mental. Establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal puede ayudar a prevenir la sobrecarga obteniendo un equilibrio muy importante para nosotras que nos permita conciliar el ámbito laboral y la personal.

Gestión del tiempo. Es importante que establezcamos prioridades identificando las tareas más importantes y que nos organicemos para completarlas, el resto o las olvidamos o las delegamos. Si dividimos las tareas grandes en pasos más pequeños y manejables nos será más fácil abordarlas. La multitarea es nuestro gran enemigo, es más útil que nos concentremos en una única tarea para mejorar nuestra productividad y reducir la sensación de agobio.

Empoderamiento. Fomentar la autonomía y el empoderarnos es clave para que podamos tomar decisiones sobre nuestra vida y reducir el estrés.

Priorizar el autocuidado. El autocuidado es una de las claves más importantes para gestionar el estrés. Esto puede incluir actividades como meditar, hacer ejercicio, practicar la respiración profunda, tomar tiempo para estar en contacto con la naturaleza, dedicar tiempo a actividades que nos gustan ó disfrutar de una afición. El autocuidado nos ayuda a restablecer nuestro equilibrio emocional y físico.
Reconocer y validar las emociones: Es importante que las mujeres reconozcamos y expresemos nuestras emociones, sin juzgarnos a nosotras mismas.

Cuidar la salud física. Una alimentación saludable, comiendo más frutas y verduras y limitando la ingestión de procesados, alcohol o cafeína, Practicar ejercicio regular, que mejora el estado de ánimo y genera endorfinas. Y el descanso adecuado son pilares básicos para reducir el estrés.

Aprender técnicas de relajación. La práctica regular de técnicas como la meditación, mindfulness, el yoga o la respiración consciente son prácticas que ayudan a reducir el estrés y equilibrar el sistema nervioso, lo que puede beneficiar al sistema inmunológico y puede ser muy útil para reducir el estrés. Estas prácticas nos permiten centrar nuestra mente, aliviar la tensión física y mejorar nuestra capacidad de concentración y claridad mental.

Fomentar el apoyo social. Hablar de forma abierta sobre el estrés con amigas, familiares o compañeros de trabajo puede aliviar mucho la carga emocional y mejorar la capacidad de hacer frente a las tensiones diarias. Las mujeres tendemos a ser excelentes para cuidar de los demás, pero es crucial que también busquemos redes de apoyo que nos ayuden a manejar nuestras propias emociones. Las relaciones positivas y de confianza son fundamentales para reducir el estrés y mejorar la resiliencia emocional. Conectar con otras mujeres y formar redes de apoyo puede proporcionar un sentido de comunidad y pertenencia y enseñarnos a confiar en otras mujeres.

Buscar apoyo profesional. No hay nada de malo en pedir ayuda cuando el estrés se vuelve abrumador. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, puede ser una herramienta muy efectiva para aprender a manejar las fuentes de estrés y reestructurar los patrones de pensamiento negativos. Además, un médico o terapeuta puede ayudarnos a identificar cualquier problema de salud mental relacionado con el estrés, como la ansiedad o la depresión.

Consideraciones adicionales

Hay ciertos factores que nos influyen enormemente y son los siguientes:

  • Interseccionalidad. Es importante reconocer que las experiencias de las mujeres varían según nuestra raza, etnia, orientación sexual, clase social y otras identidades.
  • Contexto cultural. Las estrategias de afrontamiento pueden variar según el contexto cultural que nos rodeen. Es importante adaptar las recomendaciones a cada realidad.

La clave para reducir el estrés es encontrar lo que funciona para ti. Experimenta con diferentes técnicas y encuentra aquellas que te ayuden a sentirte más tranquilo y relajado. Sé constante puesto que la práctica regular es clave para reducir el estrés de forma efectiva.

Recuerda que cada persona es diferente y lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. Lo importante es encontrar las herramientas que te ayuden a manejar el estrés de manera saludable y sostenible y buscar apoyo profesional cuando sea necesario.

 

Lourdes ha participado en el Programa de Mujeres Informadoras como Agentes de Salud (MIAS 2024). Actualmente ella está en fase de descubrimiento personal, muy interesada sobre cómo gestionar el estrés, puesto que está convencida de que la mala gestión del estrés ha despertado en ella una enfermedad autoinmune diagnosticada hace dos años.

Lourdes Moreno Peña

Agente de Salud del Programa MIAS 2024